La Casa Blanca ha incluido lenguaje específico en su propuesta de presupuesto para el Departamento de Transporte que busca prohibir permanentemente el uso de fondos federales para hacer cumplir los mandatos de máscaras COVID-19. Si bien el mandato federal de uso de mascarillas en el transporte finalizó oficialmente el 18 de abril de 2022, tras un fallo de un tribunal federal, este nuevo lenguaje legislativo tiene como objetivo garantizar que dichos requisitos no puedan restablecerse mediante financiación futura.

El lenguaje legislativo

El presupuesto propuesto incluye dos disposiciones clave destinadas a evitar el regreso de las restricciones de la era de la pandemia:

  • Sección 416: Establece explícitamente que ningún fondo asignado al Departamento de Transporte para el año fiscal 2027 puede usarse para hacer cumplir un mandato de máscara en respuesta al virus COVID-19.
  • Sección 743: Una disposición más amplia a nivel gubernamental que prohíbe el uso de cualquier fondo para “implementar, administrar o hacer cumplir” cualquier mandato de mascarilla o vacuna COVID-19.

Es importante señalar que estas disposiciones son muy específicas del virus COVID-19. No impiden que el gobierno implemente mandatos en respuesta a futuros patógenos diferentes.

Por qué esto es importante: las persistentes consecuencias legales y sociales

A primera vista, una prohibición de mandatos que no han estado en vigor durante años podría parecer redundante. Sin embargo, la medida pone de relieve cuán profundamente la pandemia continúa afectando el panorama legal y político.

La persistencia de estos problemas se evidencia en litigios recientes. Por ejemplo, un fallo reciente de un tribunal de apelaciones obligó a United Airlines a enfrentar una demanda colectiva por discriminación religiosa derivada de su mandato de vacunación de 2021. Esto sugiere que incluso cuando la emergencia de salud pública disminuye, las batallas legales relacionadas con los mandatos corporativos y federales siguen muy vivas.

El contexto de la fricción en los viajes aéreos

El debate sobre las máscaras en la aviación fue excepcionalmente volátil en comparación con otros sectores. Varios factores contribuyeron a esta fricción:

  1. Discrepancias en las políticas: El mandato federal a menudo se consideraba menos estricto que las políticas de las aerolíneas individuales y requería más exenciones y adaptaciones.
  2. Efectividad versus percepción: Si bien las cabinas de los aviones utilizan sistemas de filtración HEPA de alta eficiencia que mitigan gran parte del riesgo, el mandato se convirtió en un símbolo de control para muchos pasajeros.
  3. Comportamiento de los pasajeros: La era de los mandatos vio un aumento significativo en los incidentes de “pasajeros rebeldes”. Las aerolíneas tuvieron problemas con la aplicación de la ley, lo que llevó a diferentes enfoques: algunas aerolíneas se centraron en una aplicación estricta y en expulsiones, mientras que otras, como United, priorizaron la capacitación para reducir las tensiones para evitar los altercados físicos de alto perfil que caracterizaron los inicios de la pandemia.

La dimensión política

Más allá de la salud pública, estas disposiciones presupuestarias son profundamente políticas. En el panorama actual, adoptar una postura dura contra los mandatos de uso de mascarillas sirve como señal para una coalición política específica. Al codificar estas prohibiciones, la administración está efectivamente “fijando” una posición política que se alinea con las preferencias de su base, asegurando que incluso si las directrices de salud pública cambian, la barrera legislativa permanezca.

La medida para prohibir estos mandatos tiene menos que ver con las necesidades de salud actuales y más con el establecimiento de un precedente legislativo permanente para evitar futuras extralimitaciones administrativas.

Conclusión
Al apuntar a los mecanismos de financiación del Departamento de Transporte, la Casa Blanca está intentando cerrar definitivamente la puerta a los mandatos de la era de la pandemia. Esta medida refleja un esfuerzo más amplio para resolver tensiones sociales y políticas de larga data mediante restricciones presupuestarias formales.